HuertaCuentos nº 0: La cabañita y el mundo

El 2 de diciembre pasado, sin que viniera mucho a cuento, pero un poco sí a huertacuento, Emilio nos envió este correo, así que aquí os lo dejamos:

El domingo pasado empecé a notar algunos efectos secundarios de la huertitis urbanoide. Para empezar, se te ocurren cosas que se pueden hacer, que se pueden hacer de verdad, y que le pueden dar alegría a otros. Las hijas de Óscar -que por cierto es algo así como “especialista en geoestadística”; como veis, la formación más adecuada para cavar con pico y pala- se pusieron a pintar en la pared del huerto con tizas de colores. Y yo empecé a imaginar con Luis que definitivamente teníamos que empezar con lo de la cabaña para los niños en la zona de umbría, donde irán las plantas de baya. No me digáis que no sonríen todos vuestros niños interiores: ¡una cabaña donde meterse! ¡un bosquecillo de moras y frambuesas! Igual los niños nos preguntan después de un rato que dónde se enchufa la Wii, pero yo creo que no, creo que en parte esto del colegio raro y el huerto más raro aún junto a la M-30 tiene que ver con resistirse, como Astérix y Obélix castizos, a que nos den sentido las cosas y no las personas, a que nos dicten los circuitos impresos a qué juegan nuestros hijos.

Fijaos que uno se metía en esto del huerto por razones de dimensión mundial, o galáctica si la dimensión mundial se me quedaba pequeña. Creo, o voy creyendo -hay muchas resistencias dentro de mí-, que varias de las cosas que nos están pasando (el encarecimiento ya a corto plazo del petróleo, la crisis de la deuda, la alteración del clima) desembocarán en una forma de vida distinta, centrada en lo local, en la agricultura, en cosas muchas veces hechas a mano y con otros humanos cercanos. No porque queramos necesariamente, ni porque sea “bonito”, ni para salvar al planeta por las tardes mientras por las mañanas compro acciones de Repsol, sino porque la borrachera de energía barata que inundó el mundo occidental durante unas décadas se mostrará como un tsunami que dejó tras de sí un mundo desconcertado, obligado a recordar cómo se hacía un tomate fuera del Mercadona. Y este huerto, así considerado desde la teoría, era una oportunidad de ir haciendo memoria.

Pero lo que me hará levantarme este domingo de la cama prontito (“¿pronto? ¿a las 9 de la mañana? aaaaaay floooojo”, dice el fantasma de mi abuela, campesina toledana forjada en los años del hambre, que eso sí es austeridad y no lo de Rajoy), no será ese proyecto teórico. Será pensar en la cabaña para los niños, en cómo hacemos con los oxalis que, inevitablemente, han colonizado el bancal donde plantamos veza y lentejas, será pensar en tizas de colores y, como ya sabéis, en berenjena con anchoas y chorizo casero.
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Una respuesta a “HuertaCuentos nº 0: La cabañita y el mundo

  1. La cabaña y el mundo,precioso relato.. y cuanta verdad, el huerto simboliza también un lugar de reencuentro con nuestro niño interior, el cual nos ayuda a seguir imaginado este rincón de Madrid, que potencia nuevas formas de relacionarnos con la ciudad y que nos invita a seguir creciendo juntos y en armonía con el entorno.

    Aprovecho para felicitaros por vuestro blog y por vuestra nueva iniciativa de la HuertaCuentos.

    Un abrazo
    Isabel
    Agenda 21 Escolar

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